martes, 23 de mayo de 2017

miércoles, 5 de abril de 2017

Cuento con el que participé en Santiago en 100 palabras 2017

Julia no llora


Era el primer ingreso de la tarde. El José venía desarmado. Rígido y congelado en el tiempo. Cuántas veces Julia le repitió ten cuidado; esa cosa es un ataúd con ruedas, pa' qué te la compraste. Es que José adoraba la sensación del viento en su cara; es una adicción, le decía. Una condena, respondía ella. Pero a él lo hacía feliz. Cuando vi entrar ese casco de diseños militares, un pantalón hecho jirones y una chaqueta de cuero rasgada, algo recorrió mi cuerpo. Rogué porque ella ya lo supiera. Julia no llora, me repetía. Ella nunca llora. 

miércoles, 4 de enero de 2017

En 100 palabras

Cómo robar una sonrisa


Igual que todas las mañanas, tuve que ir al Ministerio a hacer trámites. Trámites, a eso se reduce cada día; pero ese fue especial. Caminando hacia el metro un guardia me sonrió y al bajar de él, un señor del aseo me sonrió. Avanzando hacia el edificio, el carabinero de la esquina de siempre me sonrió y luego, al cruzar la calle, un peatón desconocido me sonrió. Entré al Ministerio, caminé hacia el funcionario del escritorio de en medio, que ya me conocía. Me sonrió y me regaló una flor de origami, hecha con papel de fotocopias viejas. Entonces, yo sonreí. 

lunes, 1 de agosto de 2016

Ruptura


En mi cabeza resuena una melodía triste,
tan triste como la mirada que me diste
cuando te dije que teníamos que dejar de vernos.

Mientras caminábamos por la calle y las palabras salían de mi boca,
 traté de ser fuerte para sonar convincente,
pero no pude evitar que en mi interior algo se rompiera.

Tuve que detenerme a recoger mis restos desparramados por la avenida
y guardarlos para algún día tratar de rearmarme
pero no todavía;

Este dolor infinito es lo único que me queda de ti
y no lo dejaré ir tan fácilmente.

sábado, 9 de enero de 2016

Pensamientos (o de por qué dejé de escribir durante casi dos años)

31 de julio de 2014
Corro y corro pero no avanzo porque mis pies están enterrados en la arena. El sol no brilla; al contrario, todo está oscuro y siento la brisa marina golpearme el cuello con esa sensación helada y húmeda que tanto conozco. Trato de avanzar pero no logro ir más rápido que la ola que viene tras de mí. Negra, como un monstruo, imponente y ruidosa, lista para aplastarme.
Cada segundo me desespero más y en mi interior siento esa ansiedad implacable de que no voy a poder soportarlo. Si esa ola fuera una persona, sentiría su aliento detrás mío, penetrando por mis oídos sin dejarme escuchar mis propios pensamientos. Si tan solo pudiera escuchar mis pensamientos podría decidir qué hacer.
Pero me doy cuenta de que no es un sueño, es mi vida. Se acerca, lista para aplastarme y yo no estoy preparada. Las responsabilidades, las expectativas, lo que los demás piensan... el sistema. Yo no estoy lista aún para eso, quiero ser libre y correr infinitamente rápido, hasta quedarme sin aliento y alejarme de todo para poder escucharme.
Cuando era joven la vida consistía en tener sueños, ideales de lo que quería lograr, en emocionarme con un buen libro o una buena película, y creer firmemente que en unos años sería la protagonista de esas historias.
Ahora que no soy tan joven y que la vida me ha obligado a seguir ciertos caminos, tontamente pensando que fueron mis propias elecciones, ya no hay espacio para los sueños. Quiero ser una deportista o una escritora, pero la sociedad espera de mí otra cosa. Lo patético de todo esto es que yo también espero de mí otra cosa: no me atrevería a dejar ahora, que ya estoy terminando una carrera bien vista y trabajando en un lugar bueno y estable, eso que he construido, y que ni siquiera es lo que quería.
¿Qué es lo que me frena? Miedo. Lo que me impide avanzar y sacar mis pies de la arena, salir de esa playa y dejar que esa ola reviente sola, es miedo; y ni siquiera sé a qué. Me angustia ver que pasarán los minutos, días y meses y mis sueños seguirán ahí, no como un esperanzador futuro sino como un frustrante recordatorio de que no arranqué de una miserable vida por miedo.
Vivo una vida que no es la mía y si mi joven-yo me viera desde la distancia se sentiría decepcionada por haberse convertido en una cobarde. Pero, honestamente, ¿Quién tiene el valor de dejarlo todo y atreverse a ser feliz?